Vuelven los hombres de negro, vuelve 091

Publicado el 6 abril, 2016 | Por modesto | Música

Irrumpieron en la escena del rock granadino allá por 1982, con una frescura inusual que hizo que pronto cautivara los corazones de los amantes del buen pop/rock en castellano, en toda la geografía española.  Estuvieron en activo 14 años, una larga trayectoria en la que grabaron ocho discos de gran calidad cargados de grandísimas canciones que se han convertido en auténticos himnos para sus fans.

Un grupo en el que se unía una estética arrolladora, el desgarro eléctrico del rock y la poética desesperanzada en sus letras para crear un peculiar estilo que los hacía únicos.

A parte de una discografía impecable que ha sabido permanecer totalmente viva al paso del  tiempo, nunca he olvidado lo magníficos que eran los cero en sus directos. Mantengo el recuerdo de la última vez que los vi en su gira de despedida, en el también desaparecido Guitar Club de Albacete, donde hicieron un concierto apoteósico para irse por todo lo alto.

Veinte años después, la banda granadina se reúne para realizar una gira llamada “Maniobra de resurrección”, una gran oportunidad para verlos de nuevo sobre un escenario. Esta vez la cita era en el auditorio Víctor Villegas de Murcia.

A las 21,30h aparecía en escena la misma formación que dió su ultimo concierto en 1996: José Igancio Lapido, Tacho González, Jacinto Ríos y Victor Lapido interpretando la canción instrumental  “Palo Cortao”, la cual fue desarrollándose para dar paso a la salida al escenario del gran frotman del grupo José Antonio García, que se unió con su armónica.

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La irrupción de 091, como siempre vestidos de un riguroso color negro, fue impactante pero un tanto fría. No sé si por el hecho de actuar en un auditorio o por el inevitable nerviosismo del grupo con su vuelta a los ruedos.  No obstante, José Antonio García puso en pie a todo el público desde el minuto uno. Fueron sucediéndose canciones de su repertorio como la enérgica Zapatos de piel de caimán, la coreada Nada es real  o  El lado oscuro de las cosas, en las que ya nos dimos cuenta de que el grupo estaba completamente en forma por su ejecución perfecta y su impecable puesta en escena.

Un principio muy  potente que siguió con Tormentas imaginarias. Aunque como después de la tormenta siempre llega la calma, demostrando saber fusionar energía con delicadeza y marcando un punto de inflexión en una noche en la que todo iba fluyendo, llegó  Un cielo color vino.  La luz me dio la certeza de que algo grande iba a ocurrir, el auditorio se vió envuelto en un color magenta espectacular, los granadinos se habían metido en el bolsillo a todo el personal y se iban despojando de esa tímida frialdad en cada acorde. Dicha canción con las luces y esa fuerza contenida, fue uno de los momentos más vibrantes del concierto.

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Un pasaje introductorio de guitarra de la mano de José Ignacio Lapido pasó a convertirse magistralmente en el espectacular riff inicial de la conmovedora La noche que la luna salió tarde , que conquistó al público con esa preciosa letra de romances perdidos.

Pronto volvería la potencia, con hits como La torre de la vela o el himno generacional en clave punk de una de las joyas del quinteto ¿Qué fue del siglo XX? (en unos bises memorables que consiguió una masa enfebrecida que no quería que los cero abandonaran las tablas).

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La banda amenazó con irse en varias ocasiones, pero no fue posible. Muchos sabían que al conjunto granadino le faltaban por quemar algunos cartuchos imprescindibles como la extraordinaria Esta noche, en la que José Antonio García hizo gala de su gran voz cantando con una impecable emotividadpara luego coger con maestría su cencerro e interpretar  La calle del viento.

Otro de los momentos más destacados de la noche fue la versión acústica de La canción del espantapájaros, solo con la guitarra de José Igancio Lapido y la voz de José Antonio acompañado de su fiel armónica.

José Antonio García que no habló mucho durante el concierto y prefirió cantar, tuvo complicidad con los asistentes en un par de ocasiones:  cuando no se acordaba del local de su último concierto en Murcia y bromeó con ello, o el momento en el que se quitó sus gafas de sol y dijo ‘¡por fin os veo!’.

 

Otro principio de canción con riff de guitarra del maestro Lapido fue el de Cómo acaban los sueños, un tema que hizo que flotara en el ambiente un sentimiento profundo de que el  legado musical de la banda esta más vigente que nunca.

El rock desenfadado y con solera de su hit rompepistas de la época “La vida que mala es” sirvió, esta vez sí,  para poner punto final a una noche inolvidable.

Lo mejor sin duda fue verles tan bien y en forma como si no hubiera pasado el tiempo. Saber que su repertorio de canciones sigue intacto y ha llevado estupendamente el paso de los años.  Esa energía y emoción contenida durante todo el concierto que hace como los buenos vinos: que se saboreen poco a poco y luego te dejan un buen sabor de recuerdo.

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